domingo, 12 de abril de 2026

La Grazia (Paolo Sorrentino, 2025)

 

Sinopsis: Mariano De Santis (Toni Servillo), presidente de la República italiana, es un veterano político demócrata, humanista y católico, que de repente comienza a dudar sobre varias importantes decisiones que debe tomar antes de que finalice su mandato, muy especialmente la apremiante aprobación de una ley de la eutanasia, lo cual le planteará un gran dilema moral.

"La Grazia" vuelve a reconciliarnos con el cine del napolitano Paolo Sorrentino, después de su alargado periodo de obnubilado ensimismamiento en el pasado y presente de su ciudad natal, etapa durante la cual encadenó una serie de proyectos a cada cual más irregular; no sólo carecían de un contenido especialmente interesante, sino que, además, se resentían sobremanera de una cargante artificiosidad en lo que respecta a su envoltorio formal. Dotado de una sensibilidad marcadamente posmoderna, Sorrentino ha tendido siempre al manierismo, pero en todos sus grandes trabajos, como esa inmensa obra maestra que es "La gran belleza" (2013), se equilibraba con un sugerente discurso que no se veía nunca opacado por los excesos de sus característicos estilemas. 
 
 

 
Dicho equilibrio, por desgracia, parecía haberse diluido ya por completo en sus dos últimas películas, lastradas por una prédica excesivamente errática y una desazonadora tendencia a la excentricidad estridente, el abigarramiento estilístico y un sentido algo desmesurado de la autocomplacencia por parte del cineasta. Le ocurrió en la muy banal "Fue la mano de Dios" (2021) y, sobre todo, en esa caprichosa, frívola y algo exasperante veleidad que llevaba por título "Parthenope" (2024). En ambos casos, el vacuo ejercicio de ostentación formal acababa imponiéndose por encima de un fondo no especialmente enjundioso, incapaz de dejar poso en su irrelevante anecdotismo. 
 

El testamento de Ann Lee (Mona Fastvold, 2025)


Sinopsis: Inspirada en hechos reales, la película aborda la vida de la líder religiosa Ann Lee, fundadora del Movimiento Shaker, la cual, a finales de la década de 1770, llegó a construir una de las sociedades religiosas utópicas más grandes en toda la historia de los Estados Unidos. 

Dirigida por Mona Fastvold, pareja de Brady Corbet, el cual colabora aquí en las tareas de guion, "El testamento de Ann Lee" (2025) es un curioso y muy a contracorriente experimento artístico que privilegia la experiencia sensorial y simbólica sobre una narración de índole más clásica. La obra adopta un enfoque híbrido que combina el drama histórico con subyugantes coreografías musicales para abordar la vida y el legado de Ann Lee (1736-1784), fundadora de los Shakers (United Society of Believers in Christ’s Second Appearing), un grupo religioso cristiano surgido en Inglaterra en el siglo XVIII y que se desarrolló, sobre todo, en los Estados Unidos. 

 


Conocidos por su estilo de vida comunitario y austero, estos Shakers debían su nombre a sus excéntricos rituales, en donde los participantes convulsionaban con una inusitada intensidad durante el culto. Estos temblores y estremecimientos eran, supuestamente, sintomáticos de un proceso de purificación al que se sometían conscientemente los adeptos, y a través del cual el pecado era purgado completamente de sus cuerpos mediante el poder del Espíritu Santo. Como puede apreciarse, aunque surgieron dentro del ambiente cuáquero inglés, los Shakers llevarían sus postulados teológicos a un extremo mucho más emocional y físico, introduciendo catárticas prácticas somáticas que muy poco tenían que ver con los silenciosos y meditativos cultos de aquéllos.