martes, 5 de mayo de 2026

El sonido de la caída (Mascha Schilinski, 2025)

 

Sinopsis: Cuatro niñas, cada una en un contexto histórico distinto, pasan su juventud en la misma granja al norte de Alemania. A medida que la casa evoluciona a lo largo de un siglo, los ecos del pasado perduran en sus paredes. Aunque separadas por el tiempo, sus vidas empiezan a reflejarse.

Ganadora del premio del jurado en la pasada edición del Festival de Cannes, “In die Sonne schauen” es una de las propuestas más singulares que hayamos podido ver en una sala de cine en lo que llevamos de año. Lo es, además, a múltiples niveles, como se verá más adelante. La laureada propuesta de la directora alemana Mascha Schilinski articula un tan ambicioso como, también, algo irregular dispositivo narrativo que entrelaza las historias de cuatro mujeres (Alma, Erika, Angelika y Lenka) de edades y generaciones distintas a lo largo de un siglo en un mismo espacio rural, una granja (Vierseithof) de Sajonia-Anhalt ubicada al norte de Alemania. Esto le permite a la directora diluir la linealidad del tiempo para reconfigurarlo a su antojo, saltando constantemente de un periodo histórico a otro para explorar, a modo de hilo conector, su tesis sobre la persistencia del trauma y la memoria intergeneracional.
 


La película parte de la premisa de que los lugares son depositarios de la remembranza y la aflicción instalada en el inconsciente colectivo. En este espacio físico en el que transcurre la historia las distintas protagonistas, que funcionan como reflejos espejados unas de otras, se enfrentan a su propia identidad, transformando a través de sus experiencias una vivienda que, pese a ser siempre (en teoría) la misma, en realidad va a ir adquiriendo una semiótica diferente en cada una de las épocas. La directora establece, sobre esta base, una sugerente reflexión sobre la búsqueda de quienes somos a través de quienes nos precedieron.  

domingo, 12 de abril de 2026

La Grazia (Paolo Sorrentino, 2025)

 

Sinopsis: Mariano De Santis (Toni Servillo), presidente de la República italiana, es un veterano político demócrata, humanista y católico, que de repente comienza a dudar sobre varias importantes decisiones que debe tomar antes de que finalice su mandato, muy especialmente la apremiante aprobación de una ley de la eutanasia, lo cual le planteará un gran dilema moral.

"La Grazia" vuelve a reconciliarnos con el cine del napolitano Paolo Sorrentino, después de su alargado periodo de obnubilado ensimismamiento en el pasado y presente de su ciudad natal, etapa durante la cual encadenó una serie de proyectos a cada cual más irregular; no sólo carecían de un contenido especialmente interesante, sino que, además, se resentían sobremanera de una cargante artificiosidad en lo que respecta a su envoltorio formal. Dotado de una sensibilidad marcadamente posmoderna, Sorrentino ha tendido siempre al manierismo, pero en todos sus grandes trabajos, como esa inmensa obra maestra que es "La gran belleza" (2013), se equilibraba con un sugerente discurso que no se veía nunca opacado por los excesos de sus característicos estilemas. 
 
 

 
Dicho equilibrio, por desgracia, parecía haberse diluido ya por completo en sus dos últimas películas, lastradas por una prédica excesivamente errática y una desazonadora tendencia a la excentricidad estridente, el abigarramiento estilístico y un sentido algo desmesurado de la autocomplacencia por parte del cineasta. Le ocurrió en la muy banal "Fue la mano de Dios" (2021) y, sobre todo, en esa caprichosa, frívola y algo exasperante veleidad que llevaba por título "Parthenope" (2024). En ambos casos, el vacuo ejercicio de ostentación formal acababa imponiéndose por encima de un fondo no especialmente enjundioso, incapaz de dejar poso en su irrelevante anecdotismo. 
 

El testamento de Ann Lee (Mona Fastvold, 2025)


Sinopsis: Inspirada en hechos reales, la película aborda la vida de la líder religiosa Ann Lee, fundadora del Movimiento Shaker, la cual, a finales de la década de 1770, llegó a construir una de las sociedades religiosas utópicas más grandes en toda la historia de los Estados Unidos. 

Dirigida por Mona Fastvold, pareja de Brady Corbet, el cual colabora aquí en las tareas de guion, "El testamento de Ann Lee" (2025) es un curioso y muy a contracorriente experimento artístico que privilegia la experiencia sensorial y simbólica sobre una narración de índole más clásica. La obra adopta un enfoque híbrido que combina el drama histórico con subyugantes coreografías musicales para abordar la vida y el legado de Ann Lee (1736-1784), fundadora de los Shakers (United Society of Believers in Christ’s Second Appearing), un grupo religioso cristiano surgido en Inglaterra en el siglo XVIII y que se desarrolló, sobre todo, en los Estados Unidos. 

 


Conocidos por su estilo de vida comunitario y austero, estos Shakers debían su nombre a sus excéntricos rituales, en donde los participantes convulsionaban con una inusitada intensidad durante el culto. Estos temblores y estremecimientos eran, supuestamente, sintomáticos de un proceso de purificación al que se sometían conscientemente los adeptos, y a través del cual el pecado era purgado completamente de sus cuerpos mediante el poder del Espíritu Santo. Como puede apreciarse, aunque surgieron dentro del ambiente cuáquero inglés, los Shakers llevarían sus postulados teológicos a un extremo mucho más emocional y físico, introduciendo catárticas prácticas somáticas que muy poco tenían que ver con los silenciosos y meditativos cultos de aquéllos. 

lunes, 9 de febrero de 2026

Hamnet (Chloé Zhao, 2025): El arte que sana



1. William Shakespeare: entre lo histórico y lo arcano

William Shakespeare (1564-1616) es, con razón, uno de los autores más célebres e influyentes de toda la literatura universal. A través de personajes psicológicamente complejos, contradictorios y, a la vez, verosímiles, los cuales han acabado erigiéndose en figuras arquetípicas universales, el Bardo de Avon transformó el teatro y la poesía en profundas herramientas con las que exploró la condición humana. Convirtió el conflicto interior en motor narrativo, ampliando, al mismo tiempo, y de una manera extraordinaria, el potencial expresivo de la lengua inglesa, consolidándola como un idioma flexible, rico y capaz no sólo de evocar emociones sino, también, conceptos abstractos y matices psicológicos sumamente alambicados. El hecho de que su obra siga dialogando con cada época y sociedad es una muestra de su brillante atemporalidad.   

Parte de la fascinación que, aún hoy día, sigue ejerciendo el ilustre literato, no sólo en el ámbito de la erudición filológica, sino también en el de la cultura de masas, tiene que ver con la insondable aura de misterio que envuelve gran parte de su vida; muy especialmente, un periodo tan significativo en su carrera como dramaturgo y poeta como fueron esos siete años que preceden a su súbita irrupción como autor teatral de éxito en la capital londinense. De este lapso de tiempo en el que se evapora totalmente su pista, conocido como “los años perdidos”, y que abarca, aproximadamente, del año 1585 a 1592, no existen registros fiables, tan sólo un vacío que ni documentos aislados, testimonios tardíos o toda una cornucopia de conjeturas (plausibles, pero conjeturas, al fin y al cabo) son capaces de llenar. 
 


Después de desaparecer inexplicablemente del registro histórico durante dicho periodo, sin que se sepa qué hizo exactamente, el dramaturgo pasaría de ser un joven provinciano a un autor reconocido y de un talento excepcional. Es justo en ese momento cuando Shakespeare se convirtió, realmente, en Shakespeare. Esta incógnita ha llevado a muchos estudiosos a especular que fueron años de aprendizaje, observación del mundo y transformación personal, pero aún así sigue sin explicarse cómo pudo el bardo acceder a información tan precisa acerca de ámbitos tan diversos como la política, las intrigas áulicas, la naturaleza humana y la psicología del poder. ¿Cómo podía un hombre de una educación formal limitada convertirse en el más grande autor teatral de todos los tiempos y escribir obras literarias de semejante complejidad y erudición?