1. William Shakespeare: entre lo histórico y lo arcano
William Shakespeare (1564-1616)
es, con razón, uno de los autores más célebres e influyentes de toda la
literatura universal. A través de personajes psicológicamente complejos,
contradictorios y, a la vez, verosímiles, los cuales han acabado erigiéndose en
figuras arquetípicas universales, el Bardo de Avon transformó el teatro y la
poesía en profundas herramientas con las que exploró la condición humana.
Convirtió el conflicto interior en motor narrativo, ampliando, al mismo tiempo,
y de una manera extraordinaria, el potencial expresivo de la lengua inglesa,
consolidándola como un idioma flexible, rico y capaz no sólo de evocar
emociones sino, también, conceptos abstractos y matices psicológicos sumamente alambicados.
El hecho de que su obra siga dialogando con cada época y sociedad es una
muestra de su brillante atemporalidad.
Parte de la fascinación que, aún
hoy día, sigue ejerciendo el ilustre literato, no sólo en el ámbito de la
erudición filológica, sino también en el de la cultura de masas, tiene que ver
con la insondable aura de misterio que envuelve gran parte de su vida; muy
especialmente, un periodo tan significativo en su carrera como dramaturgo y
poeta como fueron esos siete años que preceden a su súbita irrupción como autor
teatral de éxito en la capital londinense. De este lapso de tiempo en el que se
evapora totalmente su pista, conocido como “los años perdidos”, y que abarca,
aproximadamente, del año 1585 a 1592, no existen registros fiables, tan sólo un
vacío que ni documentos aislados, testimonios tardíos o toda una cornucopia de
conjeturas (plausibles, pero conjeturas, al fin y al cabo) son capaces de
llenar.

Después de desaparecer
inexplicablemente del registro histórico durante dicho periodo, sin que se sepa
qué hizo exactamente, el dramaturgo pasaría de ser un joven provinciano a un
autor reconocido y de un talento excepcional. Es justo en ese momento cuando Shakespeare
se convirtió, realmente, en Shakespeare. Esta incógnita ha llevado a
muchos estudiosos a especular que fueron años de aprendizaje, observación del
mundo y transformación personal, pero aún así sigue sin explicarse cómo pudo el
bardo acceder a información tan precisa acerca de ámbitos tan diversos como la
política, las intrigas áulicas, la naturaleza humana y la psicología del poder.
¿Cómo podía un hombre de una educación formal limitada convertirse en el más
grande autor teatral de todos los tiempos y escribir obras literarias de
semejante complejidad y erudición?