Sinopsis: Mariano De Santis (Toni Servillo), presidente de la República italiana, es un
veterano político demócrata, humanista y católico, que de repente
comienza a dudar sobre varias importantes decisiones que debe tomar antes de que finalice su mandato, muy especialmente la apremiante aprobación de una ley de la eutanasia, lo cual le planteará un
gran dilema moral.
"La Grazia" vuelve a reconciliarnos con el cine del napolitano Paolo Sorrentino, después de su alargado periodo de obnubilado ensimismamiento en el pasado y presente de su ciudad natal, etapa durante la cual encadenó una serie de proyectos a cada cual más irregular; no sólo carecían de un contenido especialmente interesante, sino que, además, se resentían sobremanera de una cargante artificiosidad en lo que respecta a su envoltorio formal. Dotado de una sensibilidad marcadamente posmoderna, Sorrentino ha tendido siempre al manierismo, pero en todos sus grandes trabajos, como esa inmensa obra maestra que es "La gran belleza" (2013), se equilibraba con un sugerente discurso que no se veía nunca opacado por los excesos de sus característicos estilemas.
Dicho equilibrio, por desgracia, parecía haberse diluido ya por completo en sus dos últimas películas, lastradas por una prédica excesivamente errática y una desazonadora tendencia a la excentricidad estridente, el abigarramiento estilístico y un sentido algo desmesurado de la autocomplacencia por parte del cineasta. Le ocurrió en la muy banal "Fue la mano de Dios" (2021) y, sobre todo, en esa caprichosa, frívola y algo exasperante veleidad que llevaba por título "Parthenope" (2024). En ambos casos, el vacuo ejercicio de ostentación formal acababa imponiéndose por encima de un fondo no especialmente enjundioso, incapaz de dejar poso en su irrelevante anecdotismo.
Sinopsis: Inspirada en hechos reales, la película aborda la vida de la líder religiosa Ann Lee,
fundadora del Movimiento Shaker, la cual, a finales de la década de 1770, llegó a
construir una de las sociedades religiosas utópicas más grandes en toda la historia de los Estados Unidos.
Dirigida por Mona Fastvold,
pareja de Brady Corbet, el cual colabora aquí en las tareas de guion, "El
testamento de Ann Lee" (2025) es un curioso y muy a
contracorriente experimento artístico que privilegia la experiencia sensorial y
simbólica sobre una narración de índole más clásica. La obra adopta un enfoque
híbrido que combina el drama histórico con subyugantes coreografías musicales
para abordar la vida y el legado de Ann Lee (1736-1784), fundadora de
los Shakers (United Society of Believers in Christ’s Second Appearing),
un grupo religioso cristiano surgido en Inglaterra en el siglo XVIII y que se
desarrolló, sobre todo, en los Estados Unidos.
Conocidos por su estilo de vida comunitario y austero, estos Shakers debían
su nombre a sus excéntricos rituales, en donde los participantes convulsionaban
con una inusitada intensidad durante el culto. Estos temblores y
estremecimientos eran, supuestamente, sintomáticos de un proceso de
purificación al que se sometían conscientemente los adeptos, y a través del
cual el pecado era purgado completamente de sus cuerpos mediante el poder del
Espíritu Santo. Como puede apreciarse, aunque surgieron dentro del ambiente
cuáquero inglés, los Shakers llevarían sus postulados teológicos a un
extremo mucho más emocional y físico, introduciendo catárticas prácticas somáticas
que muy poco tenían que ver con los silenciosos y meditativos cultos de
aquéllos.
1. William Shakespeare: entre lo histórico y lo arcano
William Shakespeare (1564-1616)
es, con razón, uno de los autores más célebres e influyentes de toda la
literatura universal. A través de personajes psicológicamente complejos,
contradictorios y, a la vez, verosímiles, los cuales han acabado erigiéndose en
figuras arquetípicas universales, el Bardo de Avon transformó el teatro y la
poesía en profundas herramientas con las que exploró la condición humana.
Convirtió el conflicto interior en motor narrativo, ampliando, al mismo tiempo,
y de una manera extraordinaria, el potencial expresivo de la lengua inglesa,
consolidándola como un idioma flexible, rico y capaz no sólo de evocar
emociones sino, también, conceptos abstractos y matices psicológicos sumamente alambicados.
El hecho de que su obra siga dialogando con cada época y sociedad es una
muestra de su brillante atemporalidad.
Parte de la fascinación que, aún
hoy día, sigue ejerciendo el ilustre literato, no sólo en el ámbito de la
erudición filológica, sino también en el de la cultura de masas, tiene que ver
con la insondable aura de misterio que envuelve gran parte de su vida; muy
especialmente, un periodo tan significativo en su carrera como dramaturgo y
poeta como fueron esos siete años que preceden a su súbita irrupción como autor
teatral de éxito en la capital londinense. De este lapso de tiempo en el que se
evapora totalmente su pista, conocido como “los años perdidos”, y que abarca,
aproximadamente, del año 1585 a 1592, no existen registros fiables, tan sólo un
vacío que ni documentos aislados, testimonios tardíos o toda una cornucopia de
conjeturas (plausibles, pero conjeturas, al fin y al cabo) son capaces de
llenar.
Después de desaparecer
inexplicablemente del registro histórico durante dicho periodo, sin que se sepa
qué hizo exactamente, el dramaturgo pasaría de ser un joven provinciano a un
autor reconocido y de un talento excepcional. Es justo en ese momento cuando Shakespeare
se convirtió, realmente, en Shakespeare. Esta incógnita ha llevado a
muchos estudiosos a especular que fueron años de aprendizaje, observación del
mundo y transformación personal, pero aún así sigue sin explicarse cómo pudo el
bardo acceder a información tan precisa acerca de ámbitos tan diversos como la
política, las intrigas áulicas, la naturaleza humana y la psicología del poder.
¿Cómo podía un hombre de una educación formal limitada convertirse en el más
grande autor teatral de todos los tiempos y escribir obras literarias de
semejante complejidad y erudición?
Este año hemos podido ver en cines un buen número de adaptaciones cinematográficas de obras literarias, algunas más ilustres que otras. Exceptuando casos concretos como las extraordinarias "La vida de Chuck" (Mike Flanagan, 2024) y "Sueños de trenes" (Clint Bentley, 2025), la realidad es que la inmensa mayoría de dichas adaptaciones no sólo no hacen justicia al modelo en el que se inspiran, sino que incluso acaban mancillando su legado. Esto no hace más que poner de manifiesto, una vez más, el paupérrimo nivel literario, artístico e intelectual de los guiones que se cuecen hoy día, a fuego (muy) rápido, en los fogones de la decadente y cochambrosa industria cinematográfica actual.
Podría citar como ejemplos de pésimas traslaciones al medio cinematográfico títulos como "La larga marcha" (Francis Lawrence, 2025), ya reseñado en este blog, o "Frankenstein" (Guillermo del Toro, 2025), en donde el cineasta mexicano toma los elementos que le interesan de la novela de Mary Wollstonecraft Shelley (1797-1851) para reforzar su obstinado mensaje de "amor a los monstruos" desde la maniquea simpleza que caracteriza su cine. Sin embargo, lo peor estaba aún por llegar. No se me ocurre una novela que haya sido más vapuleada, deformada y tergiversada a lo largo de sus múltiples adaptaciones cinematográficas que "Drácula" (1897) de Abraham Stoker (1847-1912). Esto ha provocado que se haya extendido como "verdad" una idea totalmente distorsionada del libro y el mítico vampiro; una visión humanizada y muy edulcorada del concepto original que ha ido asentándose y arraigándose en el inconsciente colectivo de tal manera que ya no hay manera de extirparla y reencauzarla. El daño está hecho, y de manera irreparable.
Sinopsis: En un futuro distópico, un grupo de adolescentes participa en una brutal
competición, conocida como "La larga marcha", en donde deben caminar sin
descanso y a un ritmo constante hasta que sólo uno quede en pie. Adaptación cinematográfica de la novela de Stephen
King.
La
relación del escritor Stephen King con el cine sigue gozando de un estimable estado de salud, como así lo corrobora la considerable cantidad de
adaptaciones que hemos podido ver de estreno en el presente año 2025,
desde "El mono" (Osgood Perkins) hasta la más reciente "The Running Man"
(Edgar Wright), pasando por "La vida de Chuck" (Mike Flanagan, 2024) o la obra
que aquí nos ocupa, "La larga marcha" (Francis Lawrence). Por más que
los resultados sean muy irregulares la mayoría de las veces, resulta
innegable que el corpus de King sigue siendo una inagotable fuente de
inspiración para una industria, la de Hollywood, tan urgentemente
necesitada de inspiración.
Curtido
en dirigir videos musicales desde mediados de los 90, el señor Francis
Lawrence dio el salto al formato largometraje con su mediocre adaptación
de "Constantine" en el año 2005. Dos años después vendría su insípida adaptación del gran clásico de Richard Matheson (1926-2013), "Soy Leyenda", a la mayor gloria de Will Smith, el cual nos hizo añorar al insustituible Vincent
Price (1911-1993) en la muy superior "El último hombre sobre la tierra", dirigida
por Sidney Salkow (1911-2000) & Ubaldo Ragona (1916-1987) en 1964. Lo peor, no obstante, estaba por
llegar: "Agua para elefantes" en 2011 y esa bochornosa franquicia de
cine-basura conocida como "Los Juegos del Hambre" (2012-2023), por la que este señor
es conocido principalmente en la actualidad. Como puede apreciarse, el
panorama no era a priori muy alentador. ¿Está el director intelectualmente a la altura de los desafíos que plantea una novela como la que aquí nos ocupa?
Sinopsis:Versión retorcida, en clave de comedia y terror, del cuento de "La Cenicienta". Elvira (Lea Myren) lucha por competir con su
increíblemente bella hermanastra en un reino donde la belleza es un
negocio despiadado. Elvira está dispuesta a llegar a los extremos que sean necesarios para captar la
atención del príncipe, aunque ello implique maltratar y abusar de su propio cuerpo.
Tras
su éxito en el pasado festival de Sitges, "La hermanastra fea" se
anunciaba como una nueva vuelta de tuerca a la misma temática que ya
abordara el año pasado Coralie Fargeat en "La sustancia" (2024): el culto a la
imagen y la tiranía de la belleza en una sociedad que, aún a día de hoy,
tiende a la cosificación del cuerpo femenino, creando unas
expectactivas poco saludables que acaban teniendo efectos perniciosos en
la autoestima de muchas mujeres, esclavizadas por la búsqueda de ese
"ideal" imposible de perfección. Ambas
películas comparten, además, una cierta querencia por la truculencia grandguignolesca y la necesidad de epatar a cualquier precio, por más
que, estéticamente, sean obras muy diferentes.
Firmada por la directora
noruega Emilie Blichfeldt, "Den stygge stesøsteren" toma como punto de
partida una historia bien conocida, el cuento de "La Cenicienta",
adaptado originalmente por el escritor napolitano Giambattista Basile (1566-1632) y
popularizado posteriormente tanto por el francés Charles Perrault (1628-1703) como por
los hermanos Grimm en el siglo XIX. En
realidad, "la Cenicienta" es mucho más que un personaje de un
"cuento
de hadas", habiéndose convertido en una figura arquetípica que simboliza
el poder transformador de la pureza interior, la esperanza y la
autenticidad frente a la adversidad, todo ello culminando en el
reconocimiento del verdadero yo. El mito ha adquirido un carácter tan
universal que ha dejado trazas en culturas tan diversas como la griega,
la china,
la japonesa o la iraní.
"ELSE" (2024): Un cambio de paradigma en el body horror.
No
hace mucho descubrí, por puro azar, la existencia de esta película
belga del año pasado que, pese a su paso por el Festival de Sitges, en
donde se alzó con un (merecido) galardón a los mejores efectos
especiales, no ha tenido la repercusión mediática que considero que
merece. Es más, constato, con un doloroso sentimiento de decepción, que
ni la película ni su banda sonora, magistrales ambas, han sido editadas
en formato físico a fecha de hoy. No sólo en España. Los motivos me
resultan tan desconcertantes como incomprensibles.
La
historia que plantea su director, Thibault Emin, orbita en torno a una
extraña epidemia que provoca que los infectados se fusionen,
literalmente, con su entorno. Esto dará pie a algunas secuencias
realmente memorables gracias a la excelencia de unos efectos visuales
alucinantes y tremendamente imaginativos. Sin embargo, lo que hace de
este filme una de las propuestas más valientes, lisérgicas y
fascinantes que nos haya deparado el cine fantástico de este nuevo siglo
es su capacidad para subvertir nuestras expectativas y dignificar, de
paso, un género tan vapuleado actualmente por la mediocridad como es el terror.
Sinopsis: Adaptación homónima de la novela corta de Stephen King sobre la vida de un personaje ficticio llamado Charles Krantz(Tom Hiddleston), contada en orden inverso desde su muerte por un tumor cerebral a los 39 años hasta sus primeros recuerdos de la niñez en casa de sus abuelos paternos.
1. Introducción
Después de su muy reivindicable adaptación de una obra tan compleja (y arriesgada) como "Doctor
Sueño" (2019) y la muy inferior “El juego de Gerald” (2017), el director
estadounidense Mike Flanagan vuelve a inspirarse en el rico universo literario
del gran Stephen King para su última película, tomando esta vez como base una
novela corta, de unas 60 páginas, incluida en la antología "La sangre manda" (2020).
Una elección, cuanto menos, sorprendente, máxime si tenemos en cuenta la algo excéntrica naturaleza episódica de un relato como el que aquí nos ocupa, estructurado en tres actos que están hilvanados de manera elíptica, y en donde el autor apuesta, además, por un orden cronológico inverso en la concatenación de los distintos pasajes, que funcionan a modo de retazos aislados de la vida del personaje protagonista, Chuck, desde su muerte hasta su infancia.
No se nos antoja fácil la tarea de traducir un relato corto como éste a una película de una duración cercana a las dos horas; sin embargo, Flanagan consigue obrar el milagro respetando, además, el texto original con religiosa fidelidad. El resultado es una película maravillosamente disidente que se sitúa en las antípodas de lo que se suele producirse en la actualidad. Una obra extraña, deliciosamente imperfecta, pero también con alma y corazón.
Sinopsis: 28 años después de que el Virus
de la Ira escapara de un laboratorio de investigación médica de la universidad
de Cambridge, los supervivientes han encontrado diversas formas de sobrevivir
entre los infectados, formando comunidades reducidas como la que vive en una aldea
fortificada construida en una pequeña isla conectada al continente. Cuando el
joven Spike (Alfie Williams) descubre la existencia de Ian Kelson (Ralph
Fiennes), un doctor que podría salvar la vida de su madre Isla (Jodie Comer), aquejada
de una agresiva enfermedad, emprenderá un viaje iniciático por territorios hostiles,
abandonando no sólo a su comunidad, sino también a su propio padre Jaime (Aaron
Taylor-Johnson) en la esperanza de un futuro mejor para su familia.
1. Introducción
En el año 2002, el cineasta
británico Danny Boyle debutó en el género de terror con "28
días después", una película sobre "infectados" cuyo éxito propiciaría una secuela cinco años después
titulada "28 semanas después" (2007) y dirigida, en
esta ocasión, por el español Juan Carlos Fresnadillo. Ambas películas me
parecen correctas, aunque igualmente olvidables. En otras palabras, ninguna ha
trascendido realmente para mí. 18 años después de aquélla, Boyle recupera las riendas de la saga para
presentarnos una tercera entrega, titulada "28 años después",
contando nuevamente con su antiguo "partner in crime", el
ahora también director Alex Garland, en las tareas de guion. La historia,
concebida como una secuela directa de la primera película, se ubica en un
futuro post-Brexit devastado por aquel virus de laboratorio que diezmó, en su día, a la
mayor parte de la población de Gran Bretaña.
Los infectados han ido evolucionando con el transcurso de los años, conformando
tres grupos claramente diferenciados. Por un lado, los de primera generación, a los que ya conocemos gracias a las anteriores películas; éstos se
mueven a una gran velocidad, como criaturas rabiosas, ávidas de carne y sangre
humana. Por otro, los llamados "slow-lows", que podríamos considerar como una variante de la figura
del "zombie" tradicional: de constitución más obesa y
purulenta, se arrastran lenta e inexorablemente por el suelo hacia su fuente de
sustento. Finalmente, encontramos a los llamados "Alfa", que
serían una especie de mutación evolutiva de los primeros infectados, mostrando una fuerza e inteligencia muy superior a la de las demás
abominaciones.
Por su parte, a los supervivientes humanos no les ha quedado más remedio que
establecerse en campamentos aislados y autosuficientes. Una de estas comunidades está
asentada en lo que parece ser un islote (Holy Island, aunque su nombre real es Lindisfarne, ubicado en el condado de Northumberland, al norte de Inglaterra)
separado del resto del país por mareas que crecen diariamente hasta anegar por
completo su única vía de conexión con la isla principal. Es en este hogar, muy parecido a un pueblo de principios del siglo XX, donde vive nuestro protagonista, un niño de 12 años llamado Spike (muy
convincentemente interpretado por Alfie Williams, toda una revelación).
Sinopsis: En 1932, los gemelos y
veteranos de la Primera Guerra Mundial Elijah "Smoke" y Elias "Stack"
Moore (Michael B. Jordan) regresan al Delta del Misisipi tras años trabajando
para la mafia en Chicago. Su objetivo es dejar atrás sus problemáticas vidas y,
con dinero robado a gánsteres, comprar un aserradero con el fin de abrir un club
de blues para la comunidad negra local. Su primo Sammie (Miles Caton), que
lleva el blues en la sangre, se une a ellos a pesar de la oposición de su
padre, un pastor de la iglesia que les advierte de los peligros de esta música.
Muy pronto, los gemelos, Sammie y todos los que los acompañan deberán unirse
para hacer frente a un mal de origen sobrenatural que amenaza con exterminar a
su comunidad y apropiarse de todo aquello que les es más valioso.
1.Introducción
El director y guionista Ryan
Coogler nos presenta su obra más personal, una insólita amalgama de géneros
cinematográficos concebida a modo de carta de amor a sus raíces afroamericanas. La
muerte del tío del cineasta, un aficionado a la música blues criado en
Misisipi, inspiraría el guion de "Los Pecadores" (“Sinners”), el cual fue cobrando forma durante el proceso de post-producción de "Creed"
(2015). La película está siendo un éxito rotundo en la taquilla, y se está granjeando,
además, una devoción cuasi-religiosa por parte tanto del público como de la
crítica.