martes, 5 de mayo de 2026

El sonido de la caída (Mascha Schilinski, 2025)

 

Sinopsis: Cuatro niñas, cada una en un contexto histórico distinto, pasan su juventud en la misma granja al norte de Alemania. A medida que la casa evoluciona a lo largo de un siglo, los ecos del pasado perduran en sus paredes. Aunque separadas por el tiempo, sus vidas empiezan a reflejarse.

Ganadora del premio del jurado en la pasada edición del Festival de Cannes, “In die Sonne schauen” es una de las propuestas más singulares que hayamos podido ver en una sala de cine en lo que llevamos de año. Lo es, además, a múltiples niveles, como se verá más adelante. La laureada propuesta de la directora alemana Mascha Schilinski articula un tan ambicioso como, también, algo irregular dispositivo narrativo que entrelaza las historias de cuatro chicas (Alma, Erika, Angelika y Lenka) de generaciones distintas a lo largo de un siglo en un mismo espacio rural, una granja (Vierseithof) de Sajonia-Anhalt ubicada al norte de Alemania. Esto le permite a la directora diluir la linealidad del tiempo para reconfigurarlo a su antojo, saltando constantemente de un periodo histórico a otro para explorar, a modo de hilo conector, su tesis sobre la persistencia del trauma y la memoria intergeneracional.
 


La película parte de la premisa de que los lugares son depositarios de la remembranza y la aflicción instalada en el inconsciente colectivo. En este espacio físico en el que transcurre la historia las distintas protagonistas, que funcionan como reflejos espejados unas de otras, se enfrentan a su propia identidad, transformando a través de sus experiencias una vivienda que, pese a ser siempre (en teoría) la misma, en realidad va a ir adquiriendo una semiótica diferente en cada una de las épocas. La directora establece, sobre esta base, una sugerente reflexión sobre la búsqueda de quienes somos a través de quienes nos precedieron.