martes, 20 de octubre de 2026

Su propio infierno (Nicolas Winding Refn, 2026)


 

Sinopsis: Cuando una misteriosa niebla envuelve una metrópolis futurista, liberando a una presencia esquiva y letal, una atormentada joven llamada Elle (Sophie Thatcher) se lanza a la búsqueda de su padre. Su búsqueda se cruza con la de K (Charles Melton), un soldado estadounidense inmerso en una angustiosa odisea para rescatar a su hija del infierno.

La obra del director danés Nicolas Winding Refn ha ido evolucionando de un cine de carácter más fundamentalmente underground, sobrio y visceral a otro mucho más estilizado y próximo a la abstracción sensorial que ya no busca construir la historia a través de diálogos explicativos o una estructura narrativa tradicional. En sus primeras películas, muy en especial la trilogía "Pusher" (1996, 2004 y 2005), predominaban un realismo sucio, los movimientos frenéticos de cámara y la crudeza de unos personajes atrapados en entornos marginales. Entonces, en el año 2011, llegó el fenómeno "Drive", que supuso un punto de inflexión hacia una nueva concepción en la que la estética dejaría de estar al servicio de la narración para convertirse en el principal vehículo de expresión cinematográfica. Por supuesto, "Bronson" (2008) y, en especial, "Valhalla Rising" (2009) ya anticipaban esa transición hacia la construcción de universos artificiales que acabaría consolidándose con "Drive". A partir de entonces, la narración empezaría a ceder cada vez más terreno a la composición visual, el cromatismo, los silencios, la música electrónica de influencia berlinesa y la estilización casi ritual de la violencia.


 


De esta manera, Nicolas Winding Refn siguió explorando aquel nuevo lenguaje en sus dos siguientes obras, "Sólo Dios perdona" ("Only God Forgives", 2013) y, sobre todo, la magistral "The Neon Demon" (2016), que a día de hoy me sigue pareciendo su mejor película. Sería un error, a mi juicio, denostar dichos títulos como caprichosos ejercicios de style over substance, en tanto que, en los tres, encontramos una historia claramente definida, estructurada y desarrollada, por más que ésta se desarrolle y se formule no tanto a través del diálogo como, más bien, gracias a esa singular concurrencia de color, geometría y música, con planos perfectamente construidos que dejan una impronta indeleble en la memoria del espectador. Estas propuestas comprendidas entre los años 2011 y 2016 arrastraban al espectador a un mundo en donde el lenguaje de la palabra se veía desplazado por el de imágenes de neón esculpidas a ritmo de sintetizador. La fabulosa sinergia lograda hace que resulte imposible recrear en la memoria planos y secuencias de "Drive", "Sólo Dios Perdona" o "The Neon Demon" sin las fabulosas texturas electrónicas de Cliff Martínez, responsable de cartografiar esos otros mundos, tanto oníricos como reales, que dialogan entre sí en sus historias.