Muy de vez en cuando se estrenan,
así de soslayo, películas que, lejos de contentarse con entretener, aspiran a
algo más profundo y trascendente. El estado actual del mundo corrobora lo
necesarias que son estas películas más espirituales, concebidas con el sano
propósito de crear consciencia. "Animalia" (2023) es
una de ellas.
El debut en el largometraje de la
directora marroquí Sofia Alaoui tenía previsto su estreno en nuestro
país para abril de 2024. Probablemente así haya sido, aunque por lo que parece
únicamente se estrenó en uno o dos cines de la capital, lo cual viene, una vez
más, a corroborar lo difícil que lo tiene este otro tipo de propuestas a la
hora de llegar a un público más mayoritario.
La directora toma como excusa la
premisa de una "invasión" extraterrestre para cuestionar los dogmas
de fe, exponer la situación de desigualdad social en su país y, sobre todo,
plantear una profunda reflexión sobre nuestra relación con los planos más
trascendentes de la existencia, defendiendo la necesidad de un cambio a nivel
planetario. Y lo hace en apenas 90 minutos.
Sinopsis: Ambientada en el
mundo internacional de la música “clásica”, la película ofrece una mordaz
reflexión acerca del poder, su impacto y perdurabilidad en el mundo de hoy. La
historia se centra en la mundialmente famosa Lydia Tár (Cate
Blanchett), compositora y primera directora titular de una de las orquestas
más importantes del mundo, la Filarmónica de Berlín. Tár está a
solo unos días de afrontar el mayor reto de su prometeica carrera profesional:
grabar la versión definitiva de la Quinta Sinfoníade Mahler para
laDeutsche Grammophon, lo cual la llevará a la cúspide de su ya
formidable carrera. Sin embargo, su vida personal y una serie de moralmente
cuestionables decisiones van a ir interfiriendo en su carrera musical, con
consecuencias imprevisibles.
"TÁR"
(2022) marca el regreso a la dirección del actor, guionista y director estadounidense
Todd Field, después de un extenso hiato desde su anterior película, “Juegos
secretos” (“Little Children”, 2006). Antes de dar el
salto a la dirección con “En la habitación” (“In the Bedroom”,
2001), Field había iniciado una carrera más o menos regular como actor
en papeles secundarios desde finales de la década de los 80. En el año 1999, el
Maestro Stanley Kubrick lo fichó para su canto del cisne, Eyes
Wide Shut, en un rol que le permitiría además aprovechar y poner en práctica sus estudios
musicales en la universidad. Con tan sólo tres películas dirigidas en un periodo
de más de dos décadas, no resulta del todo descabellado suponer que Field
no es de esos directores que se venden a la industria por motivos económicos. Según
sus propias declaraciones a la prensa:
“Yo no hago películas por
dinero. No empecé a hacer películas por dinero, preferiría permanecer como un
cineasta amateur y, de hecho, me considero un cineasta amateur, si eso
significa que lo haces solo por amor. No quiero ganarme la vida haciendo
películas. Te quita demasiado tiempo. Este proyectó me llevó dos años y fue un
proyecto muy desafiante en el que trabajar, pero no lo hice para ganarme la
vida”.
"Fue un anciano
nepalí, tiempo después, el que me habló de las ocho montañas…
Nosotros decimos que
en el centro del mundo hay un monte altísimo, el Sumeru. Alrededor del Sumeru
hay ocho montañas y ocho mares. Ese es el mundo para nosotros…
Y decimos: ¿habrá
aprendido más quien ha recorrido las ocho montañas o quien ha llegado a la
cumbre del monte Sumeru?"
(Fragmento de la novela
"Las Ocho Montañas" de Paolo Cognetti)
Sinopsis: Pietro(Luca Marinelli) es un chico de ciudad, mientras queBruno(Alessandro Borghi) es
el último niño de una localidad de montaña olvidada. Con el paso de los años, Brunose mantiene fiel a su montaña, mientras que Pietroviene y va. Sus
experiencias le harán enfrentarse al amor y a la pérdida, recordándoles sus
orígenes y abriendo paso al destino.
Sinopsis: Después de los
eventos de la anterior película, John Wick (Keanu Reeves) se
prepara para vengarse de la Alta Mesa mientras se esconde en la
clandestinidad con el Rey del barrio (Laurence Fishburn). Por su parte, el
marqués Vincent de Gramont (Bill Skarsgård), miembro de la Alta
Mesa, viaja a París y recluta a Caine (Donnie Yen), un asesino
ciego y retirado de la Alta Mesa, para que mate a su viejo amigo John,
amenazando con asesinar a su hija en caso contrario. El director del Hotel
Continental de Nueva York, Winston Scott (Ian McShane), aconseja
a John que invoque una vieja tradición de la Alta Mesa para retar
a de Gramont a un duelo. Ganar liberaría a John de todas sus
obligaciones con la Alta Mesa, pero sólo puede solicitar un duelo en
nombre de una familia criminal. Por ese motivo, viajará a la sede berlinesa del
sindicato del crimen Ruska Roma, con el que había roto lazos, para
solicitar su readmisión. Su hermana adoptiva, Katia (Natalia Tena),
accederá a su petición a cambio de que John mate antes a Killa (Scott
Adkins), un miembro de la Alta Mesa que asesinó a su padre.
1. Introducción
Tengo un entrañable recuerdo del
tipo de cine de entretenimiento que solía ver en mi adolescencia. Películas de
acción protagonizadas por figuras como Steven Seagal, Chuck Norris
o Mark Dacascos, todos ellos auténticos maestros con conocimientos
reales de artes marciales que lucían sus habilidades técnicas en la gran
pantalla. Por supuesto, las modas cambian, y un buen día ese modelo de cine
protagonizado dejó de ser popular en occidente, especialmente con la llegada
del nuevo siglo, viéndose desplazado por otro que hacía de los efectos
especiales generados por ordenador su principal reclamo.
Fue a partir de entonces que
empezamos a ver cada vez más y más películas de acción protagonizadas por
actores y actrices sin el menor bagaje en artes marciales, mientras que
auténticos expertos en esta materia como Michael Jai White o Scott
Adkins se veían relegados a producciones concebidas directamente para el
mercado doméstico y estrenadas en DVD, Blu-Ray o, posteriormente,
plataformas.
Mientras tanto, paralelamente, en
el cine oriental, el género de artes marciales se mantenía en un óptimo estado
de salud gracias a figuras como Tony Jaa, Iko Uwais, Vidyut
Jamwal, Tak Sakaguchi, Jet Li, Wu Jing o Donnie Yen,
por citar unos pocos ejemplos, los cuales seguirían apostando por un tipo de cine
de acción más a la vieja usanza sin renunciar, por ello, a una actualización y
revitalización de los códigos por los que éste se había ido rigiendo desde
hacía décadas. Ni que decir tiene, la mayoría de estas películas, como "Ip
Man" (2008) o “Redada asesina 2” ("The
Raid 2: Berandal", 2014), no llegarían siquiera a estrenarse en
cines por estas latitudes.
El director islandés Hlynur
Pálmason se inspira, supuestamente, en las primeras fotografías que se
conservarían de la costa de Islandia, tomadas por un danés a finales del siglo
XIX, para narrar, en su tercer largometraje, la historia de un sacerdote que
viaja de Dinamarca a Islandia (aún colonia danesa) con la misión de construir
allí una iglesia y, de paso, realizar un estudio etnográfico de sus habitantes
a través de su cámara.
Sinopsis: Mahito,
un joven de 12 años, lucha por asentarse en una nueva ciudad tras la muerte de
su madre. Sin embargo, cuando una garza parlante le informa de que su madre
sigue viva, entrará en una torre abandonada en su busca, lo que le llevará a
otro mundo, compartido por los vivos y los muertos. Allí es donde la muerte
llega a su fin y la vida encuentra un nuevo comienzo. La película nos ofrece una
conmovedora y deslumbrante fantasía semiautobiográfica sobre la vida, la muerte
y la creación.
"El chico y la garza"
(“Kimitachi wa dô ikiru ka”, 2023) nos brinda la nueva ensoñación
del gran Maestro tokiota Hayao Miyazaki, co-fundador del mítico Studio
Ghibli, el cual regresa a los 82 años de edad para volver a reivindicar el
cine de animación como una elevada y exquisita forma de arte capaz de apelar a
nuestras emociones más profundas.
La película combina animación
digital y tradicional para lograr un espectáculo visual exuberante y
embriagador (qué impresionante es la escena inicial del incendio). Todo ello al
servicio de esa desbordante imaginación de la que Miyazaki lleva
haciendo alarde desde hace más de cuatro décadas, como puede apreciarse en
algunas de sus obras maestras más tempranas: “Lupin III: El castillo de
Cagliostro” (“Rupan Sansei: Kariosutoro no Shiro”, 1979) y
“Nausicaä del valle del viento” (“Kaze no Tani no Naushika”,
1984).
Sinopsis: Giovanni,
un conocido cineasta italiano, se prepara para rodar su nueva obra, una
película sobre la vida de un intelectual comunista en el fatídico 1956, año de
la invasión soviética de Hungría. Sus problemas conyugales y familiares se
unirán a los de un rodaje, cuando menos, convulso. Llevado al límite por toda
una avalancha de calamidades, Giovanni va a tener que replantearse su manera de
hacer las cosas, si es que, realmente, está dispuesto a dar un salto hacia un
futuro algo más brillante.
El gran Nanni Moretti vuelve a rodearse de algunos de sus habituales
colaboradores (Silvio Orlando y Margherita Buy, entre otros) para
regalarnos su triunfal regreso a la dirección desde “Tres pisos” ("Tre
piani", 2021). Es también su regreso a la comedia satírica después
de muchos años, y lo hace por todo lo alto con la que sin duda está llamada a
ser una de las más brillantes e ingeniosas obras de toda su filmografía.
Ya en el propio cartel de “El
sol del futuro” ("Il sol dell'avvenire", 2023) encontramos
una referencia, en absoluto velada, a una de sus películas cómicas más
apreciadas por el público, “Querido diario” ("Caro diario",
1993), estrenada justamente hace 30 años. En este caso se reemplaza la ya
icónica vespa por el patinete eléctrico para satirizar, con la agudeza y el
sarcasmo que le caracterizan, eso que llamamos "la modernidad".
Sinopsis: A principios del
siglo XX, el petróleo brindó una gran fortuna a la Nación Osage, que se
convirtió en uno de los pueblos más ricos del mundo de la noche a la mañana. La
riqueza de estos nativos americanos atrajo inmediatamente a intrusos blancos
que manipularon, extorsionaron y robaron tanto dinero como pudieron antes de
recurrir al asesinato. Basada en una historia real y contada a través del
improbable romance entre un hombre blanco y una indígena Osage, "Los
asesinos de la luna" explora uno de los capítulos más oscuros de
la historia fundacional de los Estados Unidos de América.
Martin Scorsese pertenece
a una generación gloriosa en la historia del cine norteamericano. La misma
generación a la que pertenecen titanes como Francis Ford Coppola, William
Friedkin, Arthur Penn, Sam Peckinpah, Robert Altman, Peter
Bogdanovich, Woody Allen, Brian De Palma, Paul Schrader,
Sydney Pollack, Sidney Lumet, Michael Cimino y, por
supuesto, mi adorado Terrence Malick, el más espiritual de todos ellos.
Es una generación de grandes
cineastas y, también, narradores. De todos ellos, Scorsese siempre ha
sido uno de los mejores. Actualmente no hay muchos directores en activo que
sepan narrar una historia como él. Es tan rematadamente bueno en lo suyo, que
puede permitirse apelar a nuestra paciencia, fidelidad y atención durante las tres
horas y media que dura su último trabajo, "Los Asesinos de la Luna"
(“Killers of the Flower Moon”, 2023), en la convicción de que el
interés por la historia que nos está contando no va a decaer, en ningún
momento, en aburrimiento.
Después de incursionar en el
género del terror con las películas “La bruja” (“The Witch”,
2015) y “El faro” (“The Lighthouse”, 2019), el
director norteamericano Robert Eggers se consagra como una de las voces
más personales e interesantes del panorama cinematográfico actual con esta shakespeariana
historia de vikingos, una ambiciosa obra de madurez que consigue desmarcarse
del tono de sus anteriores proyectos sin renunciar a su muy personal estilo
visual y narrativo. El cineasta nos demuestra que es posible (y necesario)
elaborar un cine de entretenimiento adulto y que vaya totalmente a
contracorriente de las modas imperantes en la actualidad, aunando espectáculo y
un sentido artístico poco común en este tipo de producciones. Éste es, sin duda,
uno de los principales logros de la película.
Resulta emocionante ver a Eggers
realizar la transición a proyectos de esta envergadura sin traicionar sus señas
de identidad, tanto estéticas como narrativas. No sólo no reniega de ellas,
sino que muestra una encomiable evolución artística con respecto a sus dos
anteriores películas, bastante más sobrias en su envoltorio formal y de
cadencia mucho más pausada. Si bien en “La bruja” este tempo
contribuía eficazmente, sin lugar a dudas, a tejer una fatídica y opresiva
telaraña que engullía nuestra alma en un abismo de desolación, en el caso de “El
Faro”, por el contrario, dicha parsimonia en el desarrollo narrativo de
la historia derivaba en serios problemas de ritmo que terminaban lastrando una
película excesiva y tremendamente irregular.
"La música no
es entretenida, sino una oportunidad única de pasar de lo transitorio a lo
eterno" (Maestro Sergiu Celibidache)
Dirigida por Marie-Castille
Mention-Schaar, "Divertimento" recrea la historia
real de Zahia Ziouani, una chica francesa de origen argelino que vive en
un barrio a las afueras de París y que luchará contra todo tipo de prejuicios
sociales, raciales y de género para cumplir su sueño de convertirse en
directora de orquesta. No es ésta, por cierto, la primera película en abordar
el papel de la mujer en un mundo tan hermético como éste, el de la dirección de
orquesta, tradicionalmente reservado a los hombres.
Hace cinco años, sin ir más
lejos, la directora, productora y guionista holandesa Maria Peters
estrenó "La directora de orquesta" ("De
Dirigent", 2018), en donde se abordaba la historia, también real,
de Antonia Louisa Brico (1902-1989), directora de orquesta y pianista
neerlandesa que tiene el honor de haber sido, además, la primera mujer en
dirigir la Berliner Philarmoniker y la New York Philharmonic
Orchestra. Por supuesto, a principios de 2023 el director Todd Field
estrenó en nuestro país la magistral "TÁR", una de las grandes
Obras Maestras de ese año. En cierto modo, podríamos considerar la obra que
aquí nos ocupa como el reverso luminoso y amable de la obra de Field.