inochi mijikashi koi seyo
otome
kurokami no iro asenu ma ni
kokoro no honoo kienu ma ni
kyou wa futatabi konu mono wo
La vida es
corta, enamórate, chica,
antes de que
el color negro del pelo pierda su fuerza,
antes de que
la llama del corazón se apague.
No volverá
nunca a repetirse el día de hoy.
En el año 1952 el Gran Maestro Akira Kurosawa estrenó
una de las grandes joyas del Séptimo Arte, titulada Ikiru
("Vivir"). Ambientada en el Japón de la posguerra, el filme transita
por los últimos resquicios de vida de un funcionario de mediana edad al que le
diagnostican un cáncer terminal de estómago, lo cual le hará replantearse los
criterios por los que se ha regido su existencia durante los últimos treinta
años. El guion de la película, fruto de la colaboración del célebre director
tokiota con en el reconocido guionista Shinobu Hashimoto y el escritor Hideo
Oguni, se inspiraba en un relato corto del escritor León Tolstói que
llevaba por título La muerte de Iván Ilich (1886). Roger Ebert,
célebre crítico americano del Chicago Sun-Times, llegó a afirmar que Ikiruera “una de esas escasas películas que realmente podría inspirar a alguien a
cambiar su vida”.

Tan sólo un año después, su compatriota Yasujirō Ozu presentaría su gran
obra maestra, Tōkyō monogatari ("Cuentos de Tokio"), la cual,
junto con Ikiru, formarían un díptico fundamental para entender (y
valorar) la inconmensurable contribución nipona al arte cinematográfico en su
vertiente más social durante la segunda mitad del siglo XX. Ambas películas
abordarían temas tan profundos como la alienación humana, la deshumanización de
la fagocitaria burocracia, las relaciones paterno-filiales, marcadas por un
insalvable abismo intergeneracional, y el sentido mismo de la vida.
70 años después de aquélla, nos llega esta suerte de remake británico
dirigido por el cineasta sudafricano Oliver Hermanus. Las labores de
guion recaen, en esta ocasión, en el escritor británico de origen japonés Kazuo
Ishiguro, flamante recipiente del premio Nobel de Literatura en el año
2017. Todo un aval de garantía, ciertamente, para una película pergeñada bajo
la sombra del gran clásico de Kurosawa, lo cual podría incitar a una acogida,
cuanto menos, tibia y prejuiciada por parte de los cinéfilos más puristas.
¿Realmente necesitaba Ikiru una revisión?